sábado, 11 de octubre de 2008

La gaviota

Hay se posó una gaviota sobre mi balsa. Es la única compañía que he tenido en meses ---¿o serán años? Se quedó allí, inmóvil, sin decir nada. Dicen que cuando aparecen las gaviotas la tierra no debe estar lejos. Pero quizás esta gaviota está perdida. Perdida como yo, en alta mar.

---Anoche tuve un sueño ---le comencé a decir a la gaviota--- que no estoy seguro si fue un sueño o no. Soñé que estaba en una balsa, como ésta, pero fabricada de plástico. Y el mar era rojo, como el color de las lágrimas de un dragón que sufre por ser un buen animal que no entiende la razón por la que los seres humanos sólo piensan en matarlo. Era de un rojo intenso, parecía palpitar bajo la luna amarilla que se asomaba por el horizonte. Y en el horizonte divisé un barco.

>>En un principio no supe que era una embarcación. Se veía tan sólo como un punto sobre el horizonte. Pero se fue acercando. Cada vez que cerraba y volvía a abrir los párpados, el punto era más grande. Hasta que tomó la forma de un barco crucero. Se dirige hacia mi balsa, me han visto, pensé por un momento. Pero no. Pasó a unos trescientos metros de distancia. Tan cerca que pude ver a los turistas en cubierta que tomaban sorbos de sus bebidas e intercambiaban comentarios entre ellos apuntando con la mano en dirección a mi balsa. Y se fue. Así como se hizo grande, se hizo pequeño. Se convirtió en un punto en el horizonte. Y desapareció. Como todo lo que aparece y desaparece en esta vida.

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